En el año 1956, cuando en este país existía un control sobre la producción cinematográfica, Rogelio A. González burló el cerco e hizo una película cuya primera escena causó indignación: unos “boqueteros” ocultos en el interior de un armario cargado por varios “macheteros” horadaban la vitrina de una joyería.
RAFAEL CARDONA. LA CRÓNICA | La secuencia fue considerada, quizá con justicia, como una apología del delito. Esa actitud, promover el delito real mediante su exhibición ficticia, fue censurada durante mucho tiempo. Es más, la Ley Federal de Radio y Televisión vigente (eso es un decir, una vana presunción, como es obvio) impide claramente la propagación de este tipo de glorificaciones.
“ARTICULO 10.- Compete a la Secretaría de Gobernación:
I.- Vigilar que las transmisiones de radio y televisión se mantengan dentro de los límites del respeto a la vida privada, a la dignidad personal y a la moral, y no ataquen los derechos de terceros, ni provoquen la comisión de algún delito o perturben el orden y la paz públicos…”
Obviamente la prolija y reiterativa difusión del modus operandi de los boqueteros de verdad, de los ladrones de joyerías con cuyas hazañas la Tv nos receta cada noche, dando detalles paso a paso de cómo saquean a plateros y vendedores de orfebrería, no provoca la comisión de algún delito como prevé la nunca atendida ni respetada LFRT, pero con un poco de análisis podríamos interpretar en sentido apologético las previsiones del Código Penal:
“Cap. IV - Apología del crimen
“Art.213.- Será reprimido con prisión de un mes a un año, el que hiciere públicamente y por cualquier medio la apología de un delito o de un condenado por delito. Nota: texto originario conforme a la ley 2307”.
Obviamente la Tv mexicana no tiene ninguna relación con las leyes del país. No cumple con ninguna. Si así fuera, estaría ausente del aire desde hace mucho tiempo. Dígame usted si sus ojos ven en cualquier canal algo medianamente apegado a esta norma federal:
Artículo 5.- La radio y la televisión tienen la función social de contribuir al fortalecimiento de la integración nacional y al mejoramiento de las formas de convivencia humana. Al efecto, a través de sus transmisiones, procurarán:
I.- Afirmar el respeto a los principios de la moral social, la dignidad humana y los vínculos familiares;
II.- Evitar influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la niñez y la juventud;
III- Contribuir a elevar el nivel cultural del pueblo y a conservar las características nacionales, las costumbres del país y sus tradiciones, la propiedad del idioma y a exaltar los valores de la nacionalidad mexicana”.
Ni por excepción, salvo si se considera la incesante repetición de los latrocinios como una forma de “elevar el nivel cultural del pueblo”, como debiera ser su obligación.
Por aquí entraron, a este policía burlaron, a este amagaron, a esta puerta le quitaron las bisagras; por la azotea se metieron, las cámaras de vigilancia esquivaron, y así en un infinito rosario de detalles con los cuales uno puede cubrir, como si fuera la “Telesecundaria”, la materia “Asalto a joyería I” en esta escuela de rateros.
Pero la otra escuela es la de Ortiz de Pinedo… ni para dónde hacerse.
MONITOREO: LA RESPONSABILIDAD CORRESPONDE A SUS AUTORES.
Comentarios
Sin comentarios para “La TV, escuela de rateros.”
Escriba un comentario